Cómo se calcula el margen de seguridad

El margen de seguridad es la distancia entre lo que un negocio vale y lo que cuesta. Se calcula al final, en un solo paso, y nunca se mete dentro de los supuestos: una base realista con la disciplina aplicada una vez es más útil que una base pesimista donde la prudencia se aplicó cinco veces sin que nadie lleve la cuenta.

Los cuatro pasos

Primero se estima el valor del negocio a un horizonte visible, que para nosotros son cinco años. Segundo se fija el retorno mínimo que se le exige a la inversión. Tercero se despeja el precio máximo que se puede pagar hoy para obtener ese retorno, descontando el valor futuro a esa tasa exigida. Y cuarto, el margen de seguridad es cuánto más barato cotiza el mercado que ese precio máximo.

La escala de retorno exigido que mostramos siempre tiene tres escalones: un 4% que apenas cubre la pérdida de poder adquisitivo, un 10% que es aproximadamente la rentabilidad media histórica de las acciones, y un 15% que corresponde a una inversión claramente buena. Exigir tasas irreales —del 18% para arriba— no vuelve al análisis más prudente: hace que todo parezca caro y termina anulando la herramienta.

La intuición: la brecha entre lo que se obtiene y lo que se exige

El margen de seguridad es la diferencia entre el retorno que ofrece el precio actual y el retorno que uno exigía. Si a precio de mercado el negocio ofrece un 23% anual y sólo se exigía un 15%, esos ocho puntos de más son el colchón. Sirven para absorber un error de estimación, no para predecir la cotización.

Por eso el veredicto se expresa como retorno total esperado y no como una recomendación: lo que se mide es qué ofrece el precio de hoy, con el dividendo incluido, descontando cada cobro desde su propio año.

El error de apilar prudencia

El defecto más común al valuar es aplicar un criterio conservador en cada supuesto: un crecimiento algo menor, un margen algo peor, un múltiplo algo más bajo, una caja algo más chica. Cada decisión parece sensata por separado y el resultado combinado es irreal, porque las prudencias se multiplican entre sí. A eso lo llamamos conservadurismo concatenado, y produce valuaciones tan pesimistas que dejan de informar.

La base tiene que ser realista e insesgada. La disciplina vive en el retorno exigido, que se aplica una sola vez y es visible.

El espejo, que es igual de peligroso

El defecto opuesto también existe y aparece sobre todo en negocios cíclicos: valuar con el precio de la materia prima en el techo de su rango normalizado y además con un múltiplo de salida por encima del rango histórico. Son dos optimismos que se multiplican, inflan la base y esconden un veredicto que en realidad era negativo.

La regla para un cíclico es usar el punto medio del rango de mitad de ciclo y un múltiplo dentro del rango histórico, no por encima. En uno de nuestros análisis de una petrolera integrada, corregir esas dos cosas a la vez cambió el veredicto de conservación de valor a sobrevaluación: ninguno de los dos supuestos era escandaloso por separado.

Por qué el riesgo no va en la tasa de descuento

El descuento que usamos es la tasa libre de riesgo con un piso, no una tasa ajustada por la volatilidad de la acción. La razón es que la volatilidad no es riesgo: el riesgo es la pérdida permanente de capital, y una acción que se mueve mucho no es necesariamente más probable que destruya valor.

El riesgo se cobra en dos lugares donde se puede ver: en el margen de seguridad exigido y en el juicio sobre la calidad del negocio. El piso sobre la tasa existe para no descontar al valor de una tasa deprimida, que es la aritmética con la que se justifican las burbujas.

Dónde se ve en las fichas

Cada ficha muestra el cálculo completo; estas son buenas para ver los casos límite:

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